La paz que llega tras el fracaso.
“(…) Durante esta conversación había elegido cada palabra con sumo cuidado, asegurándose de que fuera adecuada para aquel momento, antes de pronunciarla. Para él, era evidente que en una situación como aquella las palabras más vacías levantaban más fuertes emociones. Había prometido vivir sólo para los sentimientos, pero las circunstancias le obligaban a aprender la política del talento. Era una educación que aplicaba a su vida con provecho, de vez en cuando. Estaba aprendiendo a usar el sentimiento sólo como arma protectora.
Libre de preocupaciones, liberado de toda ansiedad, a sus diecinueve años, gustaba de verse como un joven frío y capacitado. Tenía la sensación de que acababa de pasar un río en el curso de su vida.
Después que se marchó Iinuma, permaneció en la ventana, contemplando el precioso espectáculo de la colina, con su nueva y verde capa de hojas nuevas, reflejándose en el agua del estanque. Junto a la misma ventana, la frondosidad del zelkova era tanta, que le dificultaba la visión del lugar, en el fondo de la colina, donde caía en el estanque la última de las nueve cascadas. Todo el estanque estaba defendido en sus márgenes con plantas preciosas. No habían florecido aún los lirios amarillos, pero en el puente de piedra las flores de lis se apuntaban púrpuras y blancas en las matas de hojas verdes. Su mirada fue atraída por el lomo brillante de un escarabajo, que había estado inmóvil en el alféizar y ahora avanzaba decidido a entrar en la habitación. Dos franjas rojizas recorrían a lo largo su concha ovalada verde y oro. Movía sus antenas con cautela al avanzar, y todo su aspecto recordaba a Kiyoaki las minúsculas maravillas de un joyero. En medio del remolino destructor del tiempo, qué absurdo era que tan insignificante animalillo tuviera que resistir por si mismo en su inseguro mundo. Mientras lo observaba iba gradualmente quedando fascinado. Poco a poco el escarabajo se acercaba más a él. Su cuerpo resplandecía como si quisiera dar la impertinente lección de que cuando se atraviesa un mundo, cualquiera que fuese, lo único importante es irradiar belleza. Supongamos que él estaba calculando en semejantes términos su propia armadura protectora frente al mundo. Estéticamente, ¿era tan bello como aquel escarabajo? ¿Y lo bastante fuerte para confiar en una defensa tan buena como el caparazón del escarabajo?
En aquel momento, casi se sintió persuadido de que todo lo que le rodeaba (los árboles, sus hojas, el cielo azul, las nubes, los tejados) estaba allí simplemente para servir al escarabajo, que en si mismo era el eje y núcleo central del Universo.”
Nieve de Primavera
1969
David Eugene Edwards respondidos:
impagables diecinueve años. las revelaciones se vuelven mucho más amargas con el tiempo, y mucho menos útiles.
agosto 11, 2009 at 10:44. Permalink.